Juan Andres Leal
sábado, 7 de agosto de 2010
¿Imágenes o palabras? Donde concluye el sentido del arte actual
¿Belleza o fealdad? ¿Espiritualidad o degradación física y objetiva? ¿Mensajes reales o figuraciones del inconsciente? ¿Qué es lo que busca un artista hoy en día? ¿Aportar, sumar, criticar, denunciar, señalar, educar? Quizá esto y mucho mas ¿Cuál es su razón si es que la tiene? y a donde se propone llegar cuando en verdad habitamos tiempos de indiferencia suma, donde cada cual corre por su destino sin que pueda importarle nada del otro.
Lo que no debemos olvidar es que para los artistas lo único trascendental es dar a conocer un mensaje sin palabras, es decir a través de un lenguaje estético que puede poseer múltiples alternativas.
El problema es que en el postmodernismo se intenta explicar todo lo que se hace, como si ello fuese una regla insalvable, se deben señalar los motivos por los cuales se plantea uno u otro estilo, las razones implícitas de la obra, el motor que le lleva al artista a crear. Necesitamos saber de la temática que puede poseer todas la variables y los matices imaginados, requerimos que se nos brinden todos los detalles del caso, que se explique de quien ha tomado influencias, que digan explícitamente como, cuando y donde recibieron su instante de inspiración.
Esto sin duda es parte del tiempo que nos toca vivir, por eso cada vez hay menos artistas serios y creíbles, se autodesplazan en sus intentonas de querer brillar por su intelecto cuando el arte es una conjunción de inteligencia, sensibilidad, técnica, esperanza, y muchas otras cosas, es como si un mago develara el secreto de sus trucos, como si un compositor dijera el nombre de su musa, ¿Se imaginan explicando a un concertista digamos un Serguéi Rajmánivov por ejemplo el porque de su talento? Y después como si esto no bastara hay quienes debaten sobre el arte y sus imposibles, teorizando lo que de ninguna manera se puede hacer. Es paradójico que algo tan profundo y simple no pueda comprenderse tal como es, hagamos lógicamente la justificación de que un artista no es solo impulsado por su propia energía creativa, sino que por lo general es producto de la sociedad en que habita, eso ya lo sabemos y si esa sociedad le brinda las opciones y los medios concretos para desarrollar sus aptitudes o muy por el contrario si esta termina condicionándolo y reduciéndolo a un artista solo de fin semana; es decir que la poca o nula promoción cultural que debe incentivar y valorizar el papel del artista, hace que no nazcan nuevos talentos o lo que es peor que queden truncados siquiera antes de saber de sus potencialidades. Un dato aleatorio es que en el siglo XVIII en Europa o Asia esto se iba resolviendo a partir del legado que los padres ofrendaban a sus hijos, así salen a luz las dinastías de artistas que contaban una, dos o mas generaciones y ello explica el porque de su preponderancia, porque hasta sus ciudades son verdaderos museos a cielo abierto.
Quizá para direccionar este concepto precisamos recordar lo que dijeron algunos de los más grandes pensadores universales para entender las nociones que se van perdiendo acerca del arte. El filósofo alemán Fichte (1762 – 1814) consideraba la belleza como una virtud moral, al crear un mundo en el que lo bello, lo mismo que la verdad es un fin en si mismo, el artista anuncia la absoluta libertad que es el único objetivo de la voluntad humana. Kant (1724-1814) el pensador más influyente de la era moderna dirá acerca del arte: resulta paradójico que el arte pueda cumplir un destino que la naturaleza no puede es decir ofrecer belleza tanto como fealdad en un mismo objeto, una hermosa pintura de un rostro feo puede llegar a ser lo más bello. Schopenhauer (1788-1860) otro de los mas geniales filósofos alemanes cree que la satisfacción que producen las obras estéticas, son un medio para esquivar la angustia del mundo cotidiano de ahí su gran importancia. En el mismo sentido Nietzsche (1844- 1900) filosofo y poeta considerado un puente entre el pensamiento antiguo y moderno dirá, que el arte se enfrenta a los terrores del universo pudiéndolos cambiar, generando lo bello a partir de una o cualquier experiencia, de modo que la angustia al contemplarla por los ojos de una artista termina siendo un placer.
Volviendo a la época que nos toca y de cómo necesitamos escuchar de boca de los artistas sus altibajos, sus desaires y triunfos, al dar vida a una obra es posible que ello contribuya claro esta a desvendar los ojos de un publico que aun con todo el esfuerzo le cuesta sentir, no puede vivenciar la experiencia que se le propone, tal vez si nos convenciéramos de dejarnos sorprender, de no anticiparnos a las sensaciones, si tuviéramos a mano una dosis de persuasión que alcance para volver a nuestra capacidad de ser ingenuos a la hora de situarnos frente a un objeto artístico de seguro lograríamos detener los relojes por un instante y sabríamos definitivamente que busca decirnos ese artista y sobretodo que encontramos nosotros en su trabajo sin que nadie nos explique nada. Para hacerlo grafico -Eco de un Grito- de Alfaro Siqueiros o -Finis Gloriae Mundi- (Fin de la Gloria en Este Mundo) de Juan de Valdés Leal, dos artistas de tiempos distantes que con su arte no requieren manifestar textualmente lo que dicen sus obras. Por ultimo necesitamos estar convencidos de que para amar el arte las imágenes fueron antes que las palabras…
La Otra Historia del Museo Octavio de La Colina
Las Obras Desaparecidas…
Ni Siquiera Las leyes Vigentes de Conservación de Patrimonio Pudo con la Indiferencia de las Autoridades de Turno.
Fue hacia mediados de los años 40 cuando mediante expediente Nº 580 – D de la Secretaria General de Gobierno, que el artista Domingo R. Nieto lograra agrupar 16 óleos, una acuarela y dos yesos, algunas de éstas cedidas en calidad de préstamo por el Museo Nacional de Bellas Artes. Fue el primer intento de dar concreción a un Museo que ya en el periodo 1949 – 1951 llevaría adelante el intendente y escritor Ángel Maria Vargas, que junto a Segundo Ávila, y el artista mendocino Raúl Schurjin, tras la concreción del Primer Salón Nacional de Pintura de la Rioja J.V. González, que reunirá como nunca antes la participación de mas de 1000 artistas de todo el país. Las obras adquiridas en aquel entonces serán las que pasarían a formar parte del patrimonio de la Institución que recibiría su nombre definitivo Octavio de La Colina (el primer pintor de la provincia reconocido como tal) mediante ordenanza Nº 780 sancionada por el Consejo Deliberante hacia 1961 aunque su nombre ya sonaba hacia unos cuantos años.
Así vio la luz el único Museo en La Rioja dedicado al arte, que fue creciendo poco a poco, pero quizá tomo presencia en la comunidad cuando ocupo la casona por calle Copiapó 245 que perteneciera a Don Manuel Vicente Bustos, que fuera gobernador de la provincia. La Construcción que todavía sigue en pie, data de 1880 y su estilo con atisbos italianizantes termino por imponer la presencia del Museo Octavio de la Colina en la comunidad.
Digamos que el crecimiento del mismo siempre estuvo limitado por la escasez de políticas culturales, sin embargo a través de las décadas a partir de donaciones particulares y sufridas adquisiciones, su patrimonio contaba con una larga serie de verdaderas obras de arte prácticamente invaluables.
A mediados de 1994 inesperadamente el Museo cierra sus puertas por problemas edilicios, entonces sus obras son trasladas a la bóveda del ex Banco Rioja y allí el Patrimonio, comenzara toda una travesía que será en definitiva, arrumbado, arruinado, perdido y saqueado.
Se formo una comisión con algunos interesados en salvaguardar su patrimonio solicitando ayuda financiera, por diferentes medios, hasta logrando la apertura de una cuenta en Banco Nación, pero con el pasar del tiempo muchos de estos, se llamaran a silencio.
De la Bóveda del Ex banco, las obras partieron hacia una habitación 4 x 4 cedida a préstamo en el Polideportivo Municipal (Menen). Allí quedaran abandonadas a su suerte las obras de grandes artistas como De La Colina, Mario Anganuzzi, Guzmán Loza, Leopoldo Presas, Pompeyo Audivert, Oscar Gubiani, Quinquela Martín, Gómez Cornet, Andrés Mirwald, Fernández Valdez, Osmán Páez, entre otros, 162 obras en total valuadas en unos 300.000 mil dólares. Sumado a esto ya estaban desaparecidas 10 obras de otros grandes maestros de fama internacional por un valor de 150.000 dólares.
El cuerpo de concejales de la comisión de cultura mediante resolución Nº 802 solicita en junio de 1996 un informe al ejecutivo sobre el destino y paradero de las obras, que tras inspeccionar el estado de las mismas y comprobar su deterioro exigirá mediante demanda la reapertura del Museo Octavio de la Colina y también que se informe del estado en que se encuentra la investigación acerca de las obras desaparecidas.
Como siempre sucede aquí en la Rioja nunca hubo una respuesta por parte de las autoridades acerca de las obras desaparecidas y aunque se dio curso a la policía Federal del delito y ésta a su vez trabajo conjuntamente con la INTERPOL para dar con el paradero de las mismas, no hubo caso.
La apertura de la nueva casa del Museo fue un jueves 21 de octubre de 1999, en una vieja construcción ubicada en pasaje Diaguita 75. Edificio que data de casi un siglo, que había tenido la función de Salas Sanitarias y anteriormente fueron usadas como baños comunitarios. Se les cambio el piso a las salas y se quitaron los cielorrasos de yeso solo en la parte visible al publico. Inmueble que con el paso del tiempo no fue restaurado, como se había prometido y que hoy presenta hundimientos del piso de algunas de sus habitaciones, asimismo como fisuras en sus paredes, goteras y un sistema de iluminación defectuosa.
Sin embargo a pesar del tiempo transcurrido las obras mas preciadas del Museo siguen arrumbadas, antes en un deposito – oficina ahí mismo, en la actualidad en un edificio contiguo con las mismas deficiencias que se encuentra en estado de semi -abandono que tampoco tiene seguridad, ni ofrece las condiciones mínimas para resguardar el patrimonio de dicha Institución.
Parece mentira pero nada se puede hacer contra toda la defraudación al Estado que viene produciéndose en tantos años, sin que nadie absolutamente diga nada al respecto. Ni siquiera la Ley 7617 que declara de interés provincial la conservación del Patrimonio Cultural del Museo pudo con la indiferencia suma de las autoridades de turno hasta el día de la fecha.
Un caso llamativo es el de la obra de Felipe Guibourg, Barranca Yaco cedida a préstamo por el Museo para la Casa de Gobierno y después sustraída, que tras unos años alguien decidió devolver tras la insistencia del artista chileciteño Hermes Quintana que reclamaba por esta y otras obras con una serie de notas publicadas en diferentes medios hacia principios del 2006.
Dicha obra reaparecería imprevistamente de la nada, sin que todavía se sepa la identidad del que cometió el hurto, que quizá podría echar pistas al asunto de otras obras desparecidas ¿Desconocimiento, o encubrimiento? ustedes ya pueden imaginarse la respuesta.
El tiempo no podrá cerrar como muchos pensaron esta historia de truhanes y cultos bandoleros ya en plena democracia, porque son parte precisamente de la historia del Museo Octavio de la Colina que merece un capitulo aparte.
Para quienes gusten de la historia cultural de la provincia, será no sabemos si tan difícil atar cabos, y deducir en un futuro quienes fueron los culpables de todo este daño irreversible a nuestra cultura es decir a nuestro pueblo.
Ni Siquiera Las leyes Vigentes de Conservación de Patrimonio Pudo con la Indiferencia de las Autoridades de Turno.
Fue hacia mediados de los años 40 cuando mediante expediente Nº 580 – D de la Secretaria General de Gobierno, que el artista Domingo R. Nieto lograra agrupar 16 óleos, una acuarela y dos yesos, algunas de éstas cedidas en calidad de préstamo por el Museo Nacional de Bellas Artes. Fue el primer intento de dar concreción a un Museo que ya en el periodo 1949 – 1951 llevaría adelante el intendente y escritor Ángel Maria Vargas, que junto a Segundo Ávila, y el artista mendocino Raúl Schurjin, tras la concreción del Primer Salón Nacional de Pintura de la Rioja J.V. González, que reunirá como nunca antes la participación de mas de 1000 artistas de todo el país. Las obras adquiridas en aquel entonces serán las que pasarían a formar parte del patrimonio de la Institución que recibiría su nombre definitivo Octavio de La Colina (el primer pintor de la provincia reconocido como tal) mediante ordenanza Nº 780 sancionada por el Consejo Deliberante hacia 1961 aunque su nombre ya sonaba hacia unos cuantos años.
Así vio la luz el único Museo en La Rioja dedicado al arte, que fue creciendo poco a poco, pero quizá tomo presencia en la comunidad cuando ocupo la casona por calle Copiapó 245 que perteneciera a Don Manuel Vicente Bustos, que fuera gobernador de la provincia. La Construcción que todavía sigue en pie, data de 1880 y su estilo con atisbos italianizantes termino por imponer la presencia del Museo Octavio de la Colina en la comunidad.
Digamos que el crecimiento del mismo siempre estuvo limitado por la escasez de políticas culturales, sin embargo a través de las décadas a partir de donaciones particulares y sufridas adquisiciones, su patrimonio contaba con una larga serie de verdaderas obras de arte prácticamente invaluables.
A mediados de 1994 inesperadamente el Museo cierra sus puertas por problemas edilicios, entonces sus obras son trasladas a la bóveda del ex Banco Rioja y allí el Patrimonio, comenzara toda una travesía que será en definitiva, arrumbado, arruinado, perdido y saqueado.
Se formo una comisión con algunos interesados en salvaguardar su patrimonio solicitando ayuda financiera, por diferentes medios, hasta logrando la apertura de una cuenta en Banco Nación, pero con el pasar del tiempo muchos de estos, se llamaran a silencio.
De la Bóveda del Ex banco, las obras partieron hacia una habitación 4 x 4 cedida a préstamo en el Polideportivo Municipal (Menen). Allí quedaran abandonadas a su suerte las obras de grandes artistas como De La Colina, Mario Anganuzzi, Guzmán Loza, Leopoldo Presas, Pompeyo Audivert, Oscar Gubiani, Quinquela Martín, Gómez Cornet, Andrés Mirwald, Fernández Valdez, Osmán Páez, entre otros, 162 obras en total valuadas en unos 300.000 mil dólares. Sumado a esto ya estaban desaparecidas 10 obras de otros grandes maestros de fama internacional por un valor de 150.000 dólares.
El cuerpo de concejales de la comisión de cultura mediante resolución Nº 802 solicita en junio de 1996 un informe al ejecutivo sobre el destino y paradero de las obras, que tras inspeccionar el estado de las mismas y comprobar su deterioro exigirá mediante demanda la reapertura del Museo Octavio de la Colina y también que se informe del estado en que se encuentra la investigación acerca de las obras desaparecidas.
Como siempre sucede aquí en la Rioja nunca hubo una respuesta por parte de las autoridades acerca de las obras desaparecidas y aunque se dio curso a la policía Federal del delito y ésta a su vez trabajo conjuntamente con la INTERPOL para dar con el paradero de las mismas, no hubo caso.
La apertura de la nueva casa del Museo fue un jueves 21 de octubre de 1999, en una vieja construcción ubicada en pasaje Diaguita 75. Edificio que data de casi un siglo, que había tenido la función de Salas Sanitarias y anteriormente fueron usadas como baños comunitarios. Se les cambio el piso a las salas y se quitaron los cielorrasos de yeso solo en la parte visible al publico. Inmueble que con el paso del tiempo no fue restaurado, como se había prometido y que hoy presenta hundimientos del piso de algunas de sus habitaciones, asimismo como fisuras en sus paredes, goteras y un sistema de iluminación defectuosa.
Sin embargo a pesar del tiempo transcurrido las obras mas preciadas del Museo siguen arrumbadas, antes en un deposito – oficina ahí mismo, en la actualidad en un edificio contiguo con las mismas deficiencias que se encuentra en estado de semi -abandono que tampoco tiene seguridad, ni ofrece las condiciones mínimas para resguardar el patrimonio de dicha Institución.
Parece mentira pero nada se puede hacer contra toda la defraudación al Estado que viene produciéndose en tantos años, sin que nadie absolutamente diga nada al respecto. Ni siquiera la Ley 7617 que declara de interés provincial la conservación del Patrimonio Cultural del Museo pudo con la indiferencia suma de las autoridades de turno hasta el día de la fecha.
Un caso llamativo es el de la obra de Felipe Guibourg, Barranca Yaco cedida a préstamo por el Museo para la Casa de Gobierno y después sustraída, que tras unos años alguien decidió devolver tras la insistencia del artista chileciteño Hermes Quintana que reclamaba por esta y otras obras con una serie de notas publicadas en diferentes medios hacia principios del 2006.
Dicha obra reaparecería imprevistamente de la nada, sin que todavía se sepa la identidad del que cometió el hurto, que quizá podría echar pistas al asunto de otras obras desparecidas ¿Desconocimiento, o encubrimiento? ustedes ya pueden imaginarse la respuesta.
El tiempo no podrá cerrar como muchos pensaron esta historia de truhanes y cultos bandoleros ya en plena democracia, porque son parte precisamente de la historia del Museo Octavio de la Colina que merece un capitulo aparte.
Para quienes gusten de la historia cultural de la provincia, será no sabemos si tan difícil atar cabos, y deducir en un futuro quienes fueron los culpables de todo este daño irreversible a nuestra cultura es decir a nuestro pueblo.
lunes, 2 de agosto de 2010
Una Nueva Reflexión Sobre el Arte Posmoderno y sus Consecuencias
Son tantas las cuestiones relativas al arte que no es tan fácil en definitiva trazar una mirada objetiva en cuanto al movimiento actual del mismo y más aun en nuestra provincia. El arte posmoderno a ganado la calle, (todos somos concientes de esto) en todas partes por estos días y nosotros al igual que el resto del mundo no somos ajenos a ese fenómeno. Pero claro esta que no existe consenso cultural sobre el valor intrínseco del arte posmoderno.
En un mundo globalizado, todo termina perdiendo su peso, las razones se han volatilizado, los conceptos, los medios, las hipótesis acerca de la idea que a dado paso a la revelación de cierta obra artística.
Seguimos por un lado pensando que el arte posmoderno que surge desde los años setenta a nuestros días es una revelación americana equivocados o no es indiscutible o por lo menos salta a simple vista que es entre las rejas del imperio donde éste toma la dimensión inusitada y escalofriante que lo yergue ante el mundo.
El problema es como se lo revela, con cuales códigos, en realidad el posmodernismo podemos aplicarlo a todas las formas de arte nos referimos a literatura, música etc. y en cada rincón inimaginable del planeta hay cultores del mismo, lo que pasa que quienes lo desarrollan alejados de las grandes urbes mas bien son un producto de la creatividad inconsciente, son sin darse cuenta hijos de la multiplicidad cultural de las grandes potencias y posiblemente como de hecho sucede terminan por amar, y postrarse ante los grandes popes promotores eternos de un sueño que puede llegar a sucederte a ti. En realidad ese ha sido el mensaje oculto del arte posmoderno, una escalera fácil de subir hacia la fama, como la comida rápida, como la sicodélia que toca la cima en los años 70 devenida después en místicos fumadores de hierba; esos eran los mensajeros de la paz y ahora lo siguen siendo pero dosifican en pastillas de colores toda su euforia suicida, vendiendo y despilfarrando también porque no, tecnología como si fuera el aire sin el cual no podemos vivir.
Era necesario que así sucediera, la inteligencia de los americanos ataco todos los flancos posibles de la conciencia de cualquier habitante del mundo, la meca del cine, produciendo a rabiares historias del oeste, del sur, y del norte, de sus guerras, y sus fracasos, de mitos populares y leyendas urbanas entremezcladas con escenas de la casa blanca, de su bandera flameando como si fuera el símbolo de nuestra salvación, y crearon ídolos - dioses que no fueron otra cosa que simples actores, a costa de publicitarlos millones de veces terminamos por aceptarlos como extraordinarios aun a pesar de sus pasados de alcohólicos y drogadictos. Se adueñaron a través de la música de millones de conciencias,-a mi me encanta esa canción -escuchamos decir- de los ochenta o noventa aunque no se lo que dice, pero algo intuyo. Son el centro del arte mundial, ningún artista plástico puede considerase como tal si no expone por lo menos dos veces al año en sus galerías alucinantes, son los dueños inventores que patentaron el sueño americano, desde los grandes diseñadores de la moda que tampoco son nada hasta que no llegan a las pasarelas de Nueva York, hasta los pobres latinos inmigrantes que cambian su pueblo, sus costumbres, y su pensamiento por vivir en la gran manzana limpiándoles los zapatos a los celebritis, los amos posmodernistas visionarios del futuro.
Entretanto nosotros en Argentina y especialmente en las provincias pobres como La Rioja vivimos en una cultura, subdesarrollada, no somos ejemplo de nada, por el contrario aun continuamos pensando en lo que paso hace mas de treinta años atrás mientras los americanos ya tienen trazado su plan de gobierno hasta el 2055, así de patéticos somos, por eso ni siquiera podemos sostenernos en pie.
Del arte posmoderno en verdad no creemos que debamos renegar de quienes lo practican, ese es el resultado de la metáfora absurda que durante décadas las potencias remacharon en la mente de miles y miles de cerebros, no hay búsquedas para quienes se internan en ese laberinto. Hace poco tiempo un experimento sociológico dio con la clave del porque de las limitaciones de muchos de los artistas jóvenes en cuanto a su capacidad creativa, porque convengamos que los genios en el arte ya dejaron de existir hace mucho tiempo. El estudio en cuestión sobre múltiples trabajos de artistas posmodernistas de diversos países, tan disímiles como Argentina, Venezuela, Brasil, Rusia, Gran Bretaña, Alemania, Corea, etc. descubrió asombrado que los patrones de las obras se parecían tanto que increíblemente estas obras habrían podido ser creaciones de la misma persona, en ese mismo espacio-tiempo. Eso significo para los investigadores una sola cosa, que de alguna manera las mentes de estos artistas fueron manipuladas pero de forma tan inconsciente que ni siquiera ellos mismos pudieron darse cuenta. Sus impulsos creativos lejos de volar por el aire, se aferran a una guía predeterminada que no respeta su contexto, ni su idiosincrasia, pero que a su vez no puede ir a más allá. El arte posmoderno, también tiene un techo, esta de alguna manera restringido dicho esto con la sutileza que sin embargo no bastaría para que ese artista en cuestión pudiera siquiera avizorarlo.
En La Rioja es claro el mensaje, Los Museos están varados, son casi un producto de la indigencia, los edificios históricos son reemplazados por millonarios emprendimientos inmobiliarios, los artistas plásticos salvo un grupo minúsculo, son cultores del posmodernismo, y ni saben lo que defienden, dudan, se contradicen a si mismos, se desaprueban, se hunden pero no pueden saberlo, porque la batalla sucede muy profundamente en la inconsciencia, pasa que generaciones enteras apenas al nacer han sido ametralladas con la cultura rebuscada del primer mundo, esa fue la vidriera, el espejismo con la cual crecimos y claro que hay demasiados intereses de por medio para que la sociedad siga sin formarse, siendo los autodidactas de un destino ajeno y que jamás será nuestro.
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